El Miedo...

Esa sensación que todos hemos tenido alguna vez desde que tenemos uso de razón, ya sea temor a la oscuridad o en nuestra vida adulta a realizar un cambio significativo en nuestras vidas. Pero el miedo es lo único que, en la mayoría de los casos, nos impide realizar las cosas que realmente queremos: miedo a hacer un viaje lejos de casa por lo que pueda pasar, miedo a cambiar un trabajo estable pero que no te llena por otro que sería tu pasión pero que su continuidad en el tiempo no es segura, miedo a empezar o terminar una relación, a realizar alguna experiencia nueva… y así podría estar enumerando cosas todo que son presas del miedo.

Y es que los seres humanos tenemos la puñetera costumbre de vivir dentro de nuestra zona de confort: Aquella situación mental en la que estamos agusto con todo y no queramos cambiar nada en nuestra vida. Ésto provoca que no queramos salir de ella a descubrir lo que existe más allá de ella. Cierto es que, no todo lo que nos encontremos tenga que ser bueno, habrá de todo y en ocasiones puede que nos llevemos un varapalo que nos lleve a decir: “quien me manda a mí…”. Pero si lo pensáis bien, eso no es malo sino todo lo contrario porque seguro que aprenderemos algo que nos sirva para un futuro.

Otra cosa buena que podemos experimentar al salir de la zona de confort es que podemos amplia la susodicha zona, lo que provocaría que nos pudiésemos sentir más cómodos en diferentes situaciones y escenarios que se nos puedan presentar, como consiguiente, nos volveremos más polivalente ante la vida. Que al fin y al cabo, puede ser una vía de escape en busca de la felicidad o de repente encontrándose sin querer ni buscarla, pero a veces lo que nos gusta tenemos que buscarlo lejos de nuestro círculo.

Cuando caemos presas del miedo somos capaces de convertirnos en personas totalmente diferente a nosotros mismos, normalmente y casi siempre, esto ocurre cuando estamos en una relación de posesión por “miedo” a perder a la otra persona. No nos damos cuenta que a raíz de ese miedo irracional cambiamos hasta nuestra forma de ser y volvernos unos desconocidos para nuestra pareja, amigos, familia, y lo que es peor, se puede llegar al punto de que nosotros mismos no nos conozcamos.

El miedo, esa sensación que todo ser humano tiene y que pocos se atreven a reconocer...

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